Cómo manejar la primera migraña de tu hijo

Guía práctica para padres sobre cómo reconocer y aliviar la primera migraña infantil de forma segura.

  1. Reconoce los síntomas de una migraña infantil. Las migrañas en niños pueden ser diferentes a las de adultos. Tu hijo podría quejarse de dolor de cabeza intenso en uno o ambos lados, náuseas, vómitos o sensibilidad a la luz y sonidos. Algunos niños se ven pálidos, se sienten mareados o tienen cambios en su visión. Los más pequeños que no pueden expresarse bien podrían llorar más de lo normal, rechazar la comida, buscar lugares oscuros o tocarse la cabeza repetidamente.
  2. Crea un ambiente tranquilo y cómodo. Lleva a tu hijo a un lugar silencioso y oscuro. Apaga las luces brillantes, cierra las cortinas y reduce cualquier ruido. Una habitación fresca y ventilada puede ayudar. Ofrécele que se acueste en una posición cómoda y usa una almohada suave bajo su cabeza. Si tolera el contacto, puedes hacer masajes suaves en sus sienes o frente con movimientos circulares lentos.
  3. Maneja las náuseas y mantén la hidratación. Si tu hijo tiene náuseas, evita darle alimentos sólidos por el momento. Ofrece pequeños sorbos de agua fresca o hielo picado para mantenerlo hidratado. Puedes probar con té de manzanilla tibio o agua con un poco de jengibre si es mayor de 2 años. Si vomita, espera unos minutos antes de ofrecer líquidos nuevamente. Mantén un recipiente cerca por si necesita vomitar y limpia suavemente su cara con una toalla húmeda y fresca.
  4. Considera opciones de alivio del dolor. Para el dolor, puedes usar paños fríos o tibios en la frente o cuello, según lo que prefiera tu hijo. Una compresa fría envuelta en una toalla suave puede ser especialmente útil. Si tu pediatra lo ha recomendado previamente, puedes dar la dosis apropiada de paracetamol o ibuprofeno para niños, siguiendo exactamente las instrucciones del envase según el peso y edad. Nunca des aspirina a menores de 16 años.
  5. Documenta el episodio para futuras referencias. Anota la hora de inicio, duración, síntomas específicos y cualquier posible desencadenante como falta de sueño, estrés, ciertos alimentos o cambios en la rutina. Registra qué medidas funcionaron mejor para aliviar el dolor. Esta información será muy valiosa para el pediatra y te ayudará a identificar patrones si se repiten los episodios. También anota cómo se sintió tu hijo antes, durante y después de la migraña.