Cómo ayudar a los niños a establecer límites con los adultos

Enseñar a los niños a reconocer situaciones incómodas y a comunicar sus límites de manera respetuosa pero firme con los adultos.

  1. Comience con la autonomía corporal. Comience las lecciones sobre el establecimiento de límites con los límites físicos, que a menudo son los más fáciles de entender para los niños. Enséñele a su hijo que su cuerpo le pertenece y que tiene derecho a decir no a toques no deseados, incluso de familiares o amigos de la familia. Practique frases como "No quiero un abrazo ahora" o "Por favor, no me hagas cosquillas". Simule escenarios en los que los adultos puedan insistir en afecto físico y ayude a su hijo a practicar respuestas educadas pero firmes. Deje claro que decir no a un abrazo no significa que esté siendo grosero, significa que se está cuidando a sí mismo. Apoye a su hijo cuando ejerza estos límites, incluso si eso significa decepcionar a familiares bien intencionados. Cuando la abuela pida un beso y su hijo se niegue, puede decir: "Está aprendiendo a escuchar sus sentimientos sobre su cuerpo, pero le encantaría darle un choque de manos en su lugar".
  2. Enseñar la diferencia entre respeto y obediencia ciega. Ayude a su hijo a comprender que respetar a los adultos no significa estar de acuerdo con todo lo que dicen o hacen. Explique que los buenos adultos quieren que los niños piensen por sí mismos y escucharán cuando los niños expresen preocupaciones o incomodidad. Analice cómo suena un desacuerdo respetuoso: "Entiendo que te gustaría que hiciera eso, pero no me siento cómodo con eso" o "¿Puedo llamar a mis padres primero?". Practique estas frases para que suenen naturales cuando su hijo las necesite. Deje claro que algunas solicitudes de adultos, como seguir las reglas de seguridad o completar la tarea escolar, no son negociables, mientras que otras, como compartir información personal o hacer algo que los incomode, son situaciones en las que pueden y deben hablar.
  3. Cree un sistema de palabras clave familiar. Establezca una palabra o frase clave familiar que su hijo pueda usar cuando necesite ayuda pero no se sienta seguro hablando directamente. Esto podría ser enviarle un mensaje de texto "¿Puedes recogerme temprano?" cuando se sienta incómodo en casa de un amigo, o decir "Creo que me duele la cabeza" cuando quiera salir de una situación. Practique el uso de la palabra clave en situaciones de bajo riesgo para que su hijo se sienta seguro al usarla cuando sea necesario. Asegúrese de que sepa que siempre responderá sin juzgar ni dar una conferencia sobre lo que sucedió; la prioridad es ponerlo a salvo primero. Considere tener diferentes señales para diferentes situaciones: una para "ven a buscarme ahora" y otra para "llámame para que tenga una excusa para irme". Esto le da a su hijo opciones dependiendo de cuán urgente se sienta la situación.
  4. Simule escenarios comunes. Practique el establecimiento de límites a través de juegos de rol, centrándose en situaciones que su hijo podría encontrar en la vida real. Comience con escenarios más fáciles, como un maestro que le pide que se quede solo después de clase, y luego avance a situaciones más complejas, como un adulto que le pide que guarde un secreto. Para los niños más pequeños, use muñecas o animales de peluche para representar escenarios. Para los niños mayores, turnense para interpretar diferentes roles. Practique qué hacer cuando un adulto dice "No se lo digas a tus padres" o "Esto es solo entre nosotros", frases de alerta que siempre deben hacer que su hijo se lo diga de inmediato. Analice la diferencia entre sorpresas agradables (planear una fiesta de cumpleaños) y secretos que los hacen sentir preocupados o confundidos. Los buenos adultos entienden cuándo los niños quieren consultar con sus padres antes de aceptar algo.
  5. Fomente su confianza para confiar en sus instintos. Enséñele a su hijo a prestar atención a sus "corazonadas", esa sensación incómoda cuando algo no se siente bien. Explique que sus instintos están ahí para protegerlos y que nunca deben ignorar ese sentimiento solo por ser educados. Cuando su hijo exprese incomodidad sobre una situación o persona, tome sus preocupaciones en serio. Haga preguntas y escuche sin intentar de inmediato solucionar o explicar sus sentimientos. Esto aumenta su confianza en que sus percepciones son válidas y merecen ser tomadas en cuenta. Ayúdelo a comprender que está bien ser "grosero" en situaciones inseguras. Si alguien lo incomoda, tiene permiso para irse, pedir ayuda o negarse a cumplir con las solicitudes, incluso si eso significa decepcionar o enfadar a un adulto.
  6. Prepárelos para la resistencia de los adultos. Explique que algunos adultos podrían no responder bien cuando los niños establecen límites, y que esto no es culpa del niño. Los adultos que respetan a los niños escucharán y ajustarán su comportamiento; aquellos que se enojan o intentan hacer que el niño se sienta culpable están mostrando un comportamiento preocupante. Enséñele a su hijo que frases como "Eres demasiado sensible" o "Solo estaba bromeando" son a menudo formas en que los adultos intentan hacer que los niños duden de sus sentimientos. Ayúdelo a reconocer estas respuestas como señales de alerta en lugar de razones para retroceder en sus límites. Asegúrese de que su hijo sepa que siempre puede acudir a usted si un adulto lo hace sentir mal por establecer un límite. Practique respuestas como "Necesito pensarlo" o "Déjame preguntarle a mis padres primero" para situaciones en las que se sienta presionado pero no esté seguro de cómo responder.