Cómo hacer saltar piedras sobre el agua

Aprende la técnica perfecta para hacer rebotar piedras en el agua con tu familia.

  1. Elige la piedra perfecta. Busca piedras planas y lisas, del tamaño de la palma de tu mano o un poco más pequeñas. Las mejores tienen forma ovalada o circular, son delgadas (aproximadamente del grosor de tu dedo) y pesan lo suficiente para sentirse sólidas en la mano. Evita piedras muy rugosas, puntiagudas o demasiado pesadas. Las piedras ideales suelen encontrarse cerca de la orilla del agua, donde las olas las han pulido naturalmente.
  2. Domina la posición correcta. Párate de lado al agua, con el pie dominante (derecho si eres diestro) hacia atrás. Mantén los pies separados a la anchura de los hombros para tener equilibrio. Tu cuerpo debe estar ligeramente inclinado hacia adelante, con las rodillas un poco flexionadas. Esta posición te permitirá generar el impulso necesario desde las piernas y el torso.
  3. Aprende a sujetar la piedra. Sostén la piedra con tu mano dominante, colocando el dedo índice a lo largo del borde curvo y el pulgar en la parte superior. Los otros dedos van por debajo, sujetando firmemente pero sin apretar demasiado. La piedra debe quedar horizontal en tu mano, no vertical. Esta sujeción te dará el control necesario para imprimir el giro correcto.
  4. Ejecuta el lanzamiento perfecto. Lleva el brazo hacia atrás manteniendo la piedra paralela al agua. Al lanzar, gira tu cuerpo desde las caderas, transfiriendo el peso del pie trasero al delantero. Suelta la piedra cuando tu brazo esté casi paralelo al agua, con un movimiento rápido de muñeca que le dé giro. El ángulo de entrada al agua debe ser muy bajo, casi rasante. La clave está en la velocidad y el giro, no en la fuerza bruta.
  5. Elige el lugar y momento adecuado. Busca aguas tranquilas como lagos, estanques o bahías protegidas. Evita ríos con corriente fuerte o mares con olas grandes. El agua debe estar relativamente lisa para que la piedra pueda rebotar correctamente. Los mejores momentos son las mañanas tempranas o las tardes cuando hay menos viento y el agua está más calmada.