Cómo hacer un jardín de hadas

Crea un mundo mágico en miniatura con plantas, decoraciones y casitas de hadas diminutas en un recipiente o espacio exterior.

  1. Elige el hogar de tu jardín de hadas. Elige un recipiente que tenga al menos 15 cm de ancho y 10 cm de profundidad. Una maceta ancha y poco profunda funciona mejor para que tengas espacio para organizar todo. Asegúrate de que tenga agujeros en el fondo para que el agua pueda drenar, o pide ayuda a un adulto para hacerlos.
  2. Crea la capa base. Coloca una fina capa de guijarros pequeños o grava en el fondo de tu recipiente, de aproximadamente 1 cm de profundidad. Esto ayuda a que el agua drene correctamente para que tus plantas se mantengan sanas.
  3. Añade la tierra. Llena tu recipiente hasta la mitad con tierra para macetas. Usa tus manos o una cuchara pequeña para extenderla uniformemente. Deja algo de espacio en la parte superior para poder añadir decoraciones más tarde.
  4. Planifica tu mundo de hadas. Antes de plantar, coloca tus plantas y decoraciones sobre la tierra para ver cómo queda todo junto. Piensa en dónde podrían querer sentarse, caminar o vivir las hadas en tu jardín.
  5. Planta tu mini jardín. Saca con cuidado tus plantas de sus macetas pequeñas y colócalas en la tierra. Haz pequeños agujeros con los dedos y esconde las raíces, luego presiona suavemente la tierra a su alrededor. Separa las plantas para que tengan espacio para crecer.
  6. Añade decoraciones de hadas. ¡Ahora viene la parte divertida! Coloca tus casitas diminutas, muebles y otras decoraciones alrededor de las plantas. Puedes hacer pequeños senderos con piedras pequeñas, crear un estanque con una tapa de botella o añadir pequeños bancos para que las hadas descansen.
  7. Termina con toques especiales. Espolvorea un poco de arena para hacer senderos, añade algunas rocas o conchas interesantes, y quizás incluye un pequeño espejo para un estanque de hadas. Da un paso atrás y mira si tu jardín de hadas se siente mágico y completo.
  8. Dale la primera bebida. Usa una botella rociadora para rociar suavemente la tierra y las plantas hasta que la tierra se sienta húmeda pero no empapada. El agua debe absorberse, no formar charcos en la superficie.